Juan Manuel, con las raíces italianas bien firmes en su corazón y con la ciudad de Balcarce como punto estratégico para comenzar a llevar a cabo su sueño, tenía como objetivo ser importante, ser reconocido, no ser uno más del montón, sino sobresalir y poner su firma en la historia del automovilismo mundial. Con 21 años, y ayudado por su padre y sus amigos, construyó su propio taller para comenzar a trabajar con los autos, su pasión. Su primera participación en una carrera no tuvo el mejor final. El sábado 24 de Octubre de 1936, y luego de que sus amigos le consiguieron un Ford A modelo 29, debutó en el circuito de tierra de Benito Juárez, pero por problemas mecánicos tuvo que abandonar. Así, Fangio comenzó a disputar numerosas competencias a través de largas distancias realizadas principalmente por caminos de tierra a lo largo y a lo ancho de América del Sur.
A partir de 1940 comenzaron a llegar las alegrías. El Turismo de Carretera fue la categoría. A bordo de un Chevrolet, se consagró bicampeón en el 40 y 41. Pero la guerra le puso pausa al deporte motor y su vida tuvo que volver a los comienzos.
Luego de varios años, y con el cese del fuego en Europa, el Automóvil Club Argentino vio la posibilidad de organizar las temporadas internacionales de coches especiales con los viejos grandes pilotos del mundo, incluidos los argentinos. Juan Manuel, con el apoyo del gobierno nacional, desembarcó en Europa para continuar su carrera en busca de gloria. En 1949 y con 37 años, logró éxitos regulares en el circuito europeo con siete triunfos, que le hubieran significado otro título, en caso de que hubiese disputado el campeonato.
En 1950 le dieron a conducir un Alfa Romeo. Batallando con su compañero de equipo Nino Farina, terminó subcampeón mundial. Su perseverancia y su muñeca para manejar autos de carrera hacían presagiar un futuro más que óptimo.
Por fin llegó el momento de ver al Fangio ganador. La temporada lo tuvo al mando del Alfa Romeo 159. Luego de un año con 4 triunfos, la jugada decisiva se desarrolló en el circuito catalán de Pedralbes a la vista de la imponente ciudad de Barcelona y que culminó con una decisiva victoria del Chueco, tras una jugada sensacional de estrategia por parte de los ingenieros de Alfa sobre las Ferrari más rápidas y menos gastadoras de combustible.
En 1952 sufrió el mayor accidente de su carrera. En el circuito de Monza, su auto se desbarrancó y se rompió el cuello, quedando al borde de la muerte. El accidente nació cuando Fangio decidió correr en Italia al otro día de haber corrido en Irlanda, pero al perder las conexiones de los vuelos tuvo que manejar toda la noche desde París para llegar al circuito media hora previa a la largada de la carrera. El año siguiente lo encontró nuevamente al volante de una Maserati, con la que consiguió su segundo subcampeonato, relegado por la Ferrari de su amigo Alberto Ascari.
En 1957 logró su quinta corona mundial ganando una de sus carreras más memorables: el famoso Gran Prix alemán. Fangio amaba y respetaba el circuito de Nürburgring y tripulando un liviano Maserati 250F, luego de un problema en el reabastecimiento, tuvo que venir corriendo de atrás, reponerse a los 30 segundo perdidos por su equipo, realizar 10 records de vuelta para que, faltando un giro, logrará pasar a las dos Ferraris oficiales ante el asombro del público y de sus rivales por su virtuosismo y concentración.El 3 de febrero de 1958 gana su última carrera, el GP Ciudad de Buenos Aires y el 6 de julio decide retirarse en el circuito francés de Reims conduciendo su querida Maserati. En el país galo había debutado 10 años antes. Sin olvidar que, ese mismo año fue secuestrado horas antes de la carrera en Cuba.
Cuando Juan Manuel Fangio se bajó por última vez de un auto de carreras, toda su vida, toda su gloria, empezó a tomar la forma de mito. Reconocido en todas partes del mundo por presidentes y monarcas, el Chueco forjó a fuerza de dedicación, humildad y talento, una de las leyendas más grandes de la historia del deporte nacional.
Ese sueño que había nacido en Balcarce se había cumplido. Una enfermedad en la sangre, truncó su vida a los 84 años. Su legado, más grande que el Museo que se encuentra en su ciudad natal, está gravado en la memoria de todos lo que pudieron compartir con él una pista, un asado o una charla de amigos.
JUAN MANUEL FANGIO, LA LEYENDA CONTINUA…
Hasta hace seis meses, más precisamente en febrero de este año, el Parque Roca recibía a 10 mil personas, en una estructura tubular, para presenciar los cuartos de final de la Copa Davis entre Argentina y Suecia.
Lo que dejó el fútbol de verdad… Dos confirmaciones: la primera, que el sabio de Mostaza ya lo notó. Sava hace goles y tiene que jugar para que Racing pueda ganar. La segunda es que el Pincha se sacó de encima a otro grande. El Gol de Álvarez pinchó las ilusiones del Cabezón, que sabe que ahora lo suyo es la Copa, ¿o no? También la tarde del domingo tuvo algo de científico en como terminó: cuando Central festejaba el primer gol del Kily en Rosario después de 12 años, apareció el Tomba y sumó otro punto (¿cosecharás tu siembra?). En Quilmes, cuando Domenech respiraba aires de victoria, apareció el Tati y con una chanfleada lo igualó sobre la hora, igual que el Arsenal de Alfaro, que parece que las batallas siempre las gana o las empata en el desenlace. Pero todas las miradas puestas estaban en Boca y River. Y cuando en un momento parecía que todo estaba dado para que la Banda llegara a la próxima fecha con toda la moral, la tortilla se dio vuelta. Y de que forma. El equipo de La Volpe estaba 0-2 al entretiempo y con 10, pero una buena dosis de acento mexicano sirvió y los errores de Vélez sirvieron para que Palacio volviera a brillar (cada vez más fuerte) y Corazón de León Gago, llevaran al Xeneize a ganar un partido increíble. En Córdoba, River volvió a sufrir el síndrome de abstinencia a la definición, y lo pagó caro, muy caro. Había sido claramente superior a Belgrano, pero el Pirata metió la para, Ferrari se cayó y otra vez, cuando eran tres termina siendo sólo uno.


Lo que dejó el resto… Otra vez el team de Alfaro pegó justo. En sus únicas dos jugadas de gol claras, dejó a la triple A sin nada, otra vez. Castromán fue Superman y llevó a Vélez a una victoria que lo pone ahí, a tiro, y encima, en la próxima visita la Bombonera. El cuervo voló bajo en el Sur, donde el Granate cerró una semana perfecta. En Rosario, el que apareció esta vez fue el paraguayo… Salcedo y facturó el gol número 11 de la dupla guaraní. El Gato Leeb vivió una semana donde perdió varias vidas y por lo menos, recuperó una el domingo en Mendoza con el triunfo ante el Tomba ¿Torrico no había sido figura la fecha pasada? En Mataderos, el Bigotón metió mano al esquema y los jugadores de Boca no sabían donde estaban parados: que 3-4-1-2, que 5-3-2, que quiero saber que tengo que hacer Ricardo… Igual, con el gol de Cardozo y el empate de Ramírez sobre la hora en el Monumental (pareció un triunfo, ese que nunca se le dio a Colón) todo fue para el Xeneize: la punta, el estrés y ¿la corbata? Ah, y para terminar, Mostaza, date cuenta que en el cielo tenes otro angel más que estará velando por la Academia, esta ves te ayudó, pero ojo, alguien te estará vigilando…








Lo que dejó el resto… Que lástima darle tan poca importancia a lo que hicieron el Rolfi Montenegro (Jugador 10 de la fecha), Leonel Nuñez en el Cilindro, que quedó llenó de incertidumbre con los tres goles (tenía dos en 34 partidos) para los de la Paternal, y el doblete bis de la Cuquimanía Silvera para los de Boedo. Estudiantes demostró que está más seco de gol que un campo del Jujuy en pleno verano y Chicago, que su casa, su hogar, su Fortín es impenetrable. Como el de los enemigos barriales de la V, que ratificaron que están de vuelta de la mano del coqueto Zárate. En Rosario, la Lepra lo levantó dos veces ante el duro Arsenal y los ascendidos Belgrano y Godoy Cruz (brindemos con un buen vino porque al fin llegó el primer grito de gol en Historia A) se dividieron los puntos y en Nuñez pasó de todo: lo ganó la Banda, que lo ganaba, se lo empató el rolinga Chatruc que le dio fuerza a la cerveza para crecer y casi se lo lleva, pero un poderoso chiquitín puso la casa en orden. Al final, Gómez renunció después que su ex equipo mostrara su mejor cara…








